DOS PASIONES

DOS PASIONES
FUTBOL Y LITERATURA

martes, 22 de enero de 2013

PROYECTO X: la caza Salto de la ventana del tercer piso, al caer dejo una pluma, un encendedor y su navaja preferida. No habría ya de volver en la oscuridad inmensa de la noche, se perdió raudamente en el frio húmedo del invierno vecino. Para todo esto la alarma del edificio se había activado pero claro nadie allí vivía. Los apartamentos VECINOS estaban semi -ocupados. Era un barrio relativamente nuevo y el resto de los domicilios eran galpones y talleres que se dedicaban a la industria: madereras, químicas, metalurgia, astilleros, etc. Los pocos vecinos de los nuevos apartamentos apenas si escucharon el grito del edificio de oficinas. El robo se había consumado y el asesinato también. El edificio de oficinas era en realidad una empresa financiera del primer al tercer piso; el cuarto y el quinto era el lugar para un empresa de seguros automotriz, el quinto estaba desocupado y en los tres últimos funcionaba un banco y una consultora. Todas empresas de orden y capitales multinacionales cuyos dueños solo existían en las instalaciones a través de retratos y spots publicitarios. Aquel edificio había sido adquirido por un consorcio inmobiliario mediante un remate de dos terrenos. La zona era accesible y rentable para la construcción de una estructura semejante. El negocio para el grupo inversor era redondo. No había casi gastos y las inversiones se triplicaban en tan solo la primera venta de un piso completo. El edificio era un emplazamiento con un gran subsuelo. El primer subsuelo era estacionamiento privado para todos los trabajadores del lugar. Tenía tres salidas, aunque con una particularidad. Tan solo una de ellas salía a las calles. Las otras dos eran cada una de ellas un salida a las rutas que rodeaban el lugar. Mediante una red de túneles que atravesaban los barrios aledaños e iban a dar a las rutas que rodeaban la ciudad. Era enigmático y hasta misterioso saber el porqué de aquellas construcciones (de todas maneras sus salidas no estaba habilitadas n declaradas ante el público. Dichos túneles salían al este en una de sus extremidades y la otra al norte comunicando subterráneamente con las rutas 45 y 123. Era una salida fácil hacia la libertad, hacia la ilegalidad, hacia lo que uno quisiera proponerse, no había peajes que pagar ni paradas obligatorias. Para graficar aun mas el destino de estas vías subterráneas es interesante señalar que atravesaban grandes extensiones de campo abierto hacia ambos lados. El barrio industrial estaba un tanto retirado del centro de la ciudad y se diría mas bien que el lugar era un `parque industrial “clandestino” pues en su mayoría los habitantes de la zona vivían en los suburbios de la ciudad. Los trabajadores de aquel barrio tenían alrededor de media hora de viaje hasta sus hogares y viceversa. Tan solo dos líneas de colectivos urbanos y suburbanos visitaban el barrio. La frecuencia de los mismos variaba según los días: de lunes a viernes tenían una frecuencia de quince minutos alternándose entre las dos líneas. Con la diferencia fundamental que una seguía hacia el próximo pueblo por la colectora de la ruta número 45. La cual se ubicaba al extremo oeste del barrio y en esa dirección quedaba el pueblo más cercano. Esta línea obviamente era suburbana. La misma pasa cada 25 minutos. Los días feriados y fines de semana esta línea multiplicaba su frecuencia a uno cada 10 minutos. Por su parte la línea urbana daba la vuelta por el barrio, y retomaba nuevamente por la ruta 123 hacia la ciudad, previo a una parada de control para todos los choferes de esta línea. Entre los días de semana su frecuencia era de entre 10 y quince minutos alternadamente. Los fines de semana y feriados a la inversa de la otra línea su frecuencia disminuía, la cantidad de internos destinados era poca y además esos internos eran los peores de toda la flota. Según pude averiguar tiempo después, ese recorrido a la empresa no le convenía ni siquiera los días de semana, estaban buscando la forma de terminar con el servicio sin tener que renunciar ellos mismos. La cosa era una avivada, se ganaban una indemnización por terminar antes el contrato. El municipio y la provincia debían hacerse cargo de dicha salida onerosa. Podría llamarse a esto un robo al sistema estatal, pero técnicamente estaban en su derecho de realizar cuanto artilugio legal consideraran necesario para someter a sus pies a los funcionarios públicos. De todos modos esto ya es harina de otro costal. Lo importante y significativo en mi investigación era el tiempo que ocupaban los colectivos cada vez que pasaban por el lugar del crimen. Por las horas en las cuales había sucedido el crimen era fundamental contar con datos precisos. Inocultablemente yo me presumía el más acérrimo admirador de los investigadores puntillosos, aquellos que no dejan nada librado al azar. En la vida, en cualquier ámbito aquel tesoro más preciado, aquel virtuoso objeto que conservamos con lujuria y admiramos constantemente puede acabarse en un instante. Mi mayor virtud era tener en claro que era uno de los mejores en lo que hacía, sin pecar de soberbio, me consideraba apto para clasificarme a mi mismo entre defectos y virtudes. Como han dicho por ahí: la ignorancia suele ser atrevida y hasta por momentos insolente e inconsciente. A cada paso debía recabar más datos, a como dé lugar, es así que empecé por mirar en fases sucesivas las distintas perspectivas que recuadraban la escena del crimen. Sin embargo esta ardua tarea no me llevaba a pasar en limpio ninguna hipótesis que diera como resultado algún indicio de lo que sucedió en esa moderno edificio de la calle Vandor al 12056 entre las intersecciones Walsh y Agustín Tosco. (el nombre de las calles es otro dato curioso, pues en homenaje a los grandes líderes sindicales del país, se les había nombrado a las calles de aquellos lugares industriales, algo más paradójico y hasta irónico es que la calle Walsh y la calle Tosco eran perpendiculares a la principal: Avenida Vandor). De todas maneras debía hacer ese minucioso análisis para retirar cualquier duda que me inquietara sobremanera en mis ratos de ocios tomando un poco de café y no me permitiera concentrarme en mi lectura diaria de “Los siete locos”. Las maquinaciones llegaban a apoderarse de mi mente, y una profunda angustia se apoderaba de mi mente. Surgían garras desde mi interior que me rasguñaban el pecho. Mi pulso aumentaba al máximo, la agitación provocaba un sudor frio como el que se siente cuando la huesuda anda cerca. No podía hacer otra que tomar un taxi hasta la escena y comprobar casi como un científico mis últimos experimentos en torno a la causa. Lo que primero pude descartar era la relación testimonial que podían proporcionarme choferes y pasajeros de los ómnibus. Extrañamente la noche del crimen, es decir, el día 24 de marzo, hubo desvío de frecuencia en ambas líneas, y por tanto, los colectivos no entraron al barrio y cada uno siguió luego su recorrido “normalmente”, la orden vino desde las empresas, por una intervención del gremio de choferes que reclamaba más seguridad nocturna. Se dijo según el vocero Mariño, creo que era el nombre, de la UTA, que a partir de ese día no se iba a parar a nadie de los barrios suburbanos, y que se evitaba entrar allí, para cuidar a los pasajeros y a los choferes en una resolución unilateral del gremio. Demasiadas casualidades que comenzaron a despertar en mi un deseo enorme por adentrarme más en el caso. CONTINUARA...... PROXIMAMENTE MAS ENTREGAS!!!! SEBA

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