DOS PASIONES
FUTBOL Y LITERATURA
miércoles, 19 de junio de 2013
El maquinista:
El reloj marcaba las seis de la mañana, una nueva comenzaba para Miguel. Nunca había disfrutada de madrugar para ir a laburar, pero la rutina era la rutina, y necesitaba librarse de esos tristes recuerdos y fantasmas que le adornaban de recuerdos día tras día cuando tenía un tiempo para pensar en lo que era su vida. Tomo el despertador, lo paró en seco con un justo golpe de gracia acabo con la agonía de su vida. Era el cuarto despertador que sucumbía ante la poderosa derecha revoleada de revés, aunque también es preciso decir que lo que acababa con la vida de los relojes no era en si el golpe (mortífero) del brazo de Miguel sino la caída al vacío por sobre el borde la mesita de luz. Al siguiente instante y retorcido entre las sábanas y la almohada decide encender la luz del velador, este efecto era devastador en sus ojos, sentía un inmenso calor como si estuviese tirado en el desierto. Acto seguido, había que levantarse, bañarse y cambiarse porque el trabajo no espera, y si se fallaba un minuto podía ser fatal para el sueldo al final del mes. En eso los superiores no tenían piedad, pero sobre todo esa máquina fría y perversa donde se colocaba la famosa tarjeta de entrada. Era una fiel y delatora al servicio de la dirección y gerencia de los ferrocarriles del sur.
Luego de pasar su tarjeta, Miguel estaba seguro de que algo había olvidado. Siguió caminando hacia los talleres del ferrocarril inmerso en un mar de preocupaciones que lo llevaban a recorrer los pasillos y veredas de la estación como ido, fuera de sí. Se perdía en medio del ruido y del amanecer de un día que pintaba para largo. Recordó por un instante que la llave de su casa la traía consigo, así que eso no era. La bici la había atado con su candado por lo que esto tampoco era. Reflexionando aun mas sobre que inquietud podía estar distrayéndolo en gran manera recordó que su gato había quedado dentro de la casa, si bien rodo no era un revoltoso y solo quería dormir en la cama, sabía que hasta la noche no llegaría, ese día después del laburo pensaba ir a tomar algo con amigos a un bar de mala muerte llamado “el chupado culón” por lo que su preocupación era grande por el “negrito”. Resuelto este dilema en su mente, podía seguir caminando tranquilo hasta el taller, sin embargo esto no era así, algo más le preocupaba. Su vida. Sueños, proyectos y deudas que el tenia. Todo cabía en su cabeza y un pequeño instante le bastaba para ocupar su mente. Sus deudas eran parte de créditos que había sacado para poder terminarse su casa y escriturarla. No soportaba la idea de que su techo tuviera algún problema legal. Por ello es que había decido invertir ahorros y préstamos en escribanos y gestores que le dejaran tener su sueño en paz. No obstante, necesitaba conciliar su sueño del todo y eso sería cuando por fin pueda acceder a liquidar todas las deudas que tenia hasta ese momento. Pero había algo más que lo angustiaba y era el temor de estar solo para el resto de su vida. El hubiese querido formar una familia pero entre una cosa y otra no había podido. Dejo todo por un sueño de pibe: ser jugador de futbol y por un momento ese sueño se había convertido en realidad. Había podido hacer carrera en Independiente, había debutado y se ya se asentaba en primera jugando con los grandes jugadores del rojo de Avellaneda, pero algo salió mal. Una mala entrada de un defensor rival y una peor caída le habían partido en tres la rodilla y los ligamentos. Veinte años habían pasado ya de aquel fatídico día, un trece de enero que parecía haber estado marcado por la mala suerte. Ese día, en un torneo de verano entro a los 13 minutos del segundo tiempo con la trece en la espalda. Esas supersticiones que en el futbol existen por sobre la táctica de un partido a Miguel no le convencían demasiado. Lamentablemente para él, la profecía urbana del mundillo del futbol se cumplió, el trece de la mala suerte cayó sobre él, pero el trece rival: le partió la rodilla. En ese momento no se podía operar ese tipo de lesión con la eficacia de hoy en día, tuvo que colgar los botines y dejar para siempre su sueño al lado de una cancha. Así fue que el padre de Miguel ferroviario de años le consiguió su mismo puesto y ahí empezó la rutinaria vida de Miguel. Nadie conocía el fracaso y la frustración como él. En menos de un año perdió a su novia, a su sueño y la felicidad. La vida a veces te sorprende y te deja marcas que el tiempo no puede cicatrizar. A partir de ese día no quiso saber más nada con intentar ser feliz. Tuvo sus amoríos pero nada importante. Era un pobre infeliz sobreviviendo en un contexto adverso. Su padre había sido un acérrimo luchador por el ferro estatal. Pero no había podido con el vaciamiento impuesto por el patilla y entre sus temores se bolo la cabeza con un revolver que tenia para defender a su familia. No soportaba ni en sus peores pesadillas que esto sucediera, no quería ver de rodillas a su amado tren que de un solo golpe había quedado herido de muerte. Era un tipo adelantado don Manuel Alonso. El ya sabía la malaria que se venía y el desamparo de todos los trabajadores, no quiso ser parte de estos “tiempos modernos” que auguraban un estado más fuerte y sin déficit fiscal. La década infame del país rompería los corazones de varios nostálgico y románticos tipos de fierro del querido ferrocarril del sur. Miguel nunca pudo superar esta decisión que tomo su padre, había sido cruel y egoísta para con su familia, en especial con él, con quien a través de las mañanas materas, se empezaba a conocer a fondo y ya casi que era su mejor amigo entre consejo y consejo. Esto afecto como todo lo demás a Miguel, quedo flotando en el aire, descolocado ante tanto desamparo. Había decidido luchar por su padre y por el viejo y querido tren. Pronto sus sueños más profundos quedaron de lado y se decidió por completo a su trabajo y a su familia. En cada lucha sindical, en cada plato de comida reforzaba porque estaba en ese lugar en ese tiempo y en aquellas circunstancias. Por las noches cuando soñaba se veía a sí mismo como un joven cargado de ilusiones llevando una vida ajena, un tiempo sin tiempo, alguien que no era, un completo extraño. En cada pibe del barrio jugando un picadito podía entender aquellas imágenes que tanto lo perturbaban en sus largas noches. Por ello cuando iba en bici al trabajo y veía la pelota rodar, sentía la ajenidad absoluta paseando en cada rostro juvenil y eso que por las noches le era extraño se le volvía familiar. Si alguna vez había surcado por los senderos de una cancha, solo era un buen recuerdo que ya no recordaba, que se había perdido dentro del inconsciente y que ya no valía la pena rescatar del exilio. Uno debe aprender a olvidar siempre se decía para sí mismo y vaya que era buen alumno de sus propias convicciones.
Entre tanto pensar llego al taller de reparaciones y se puso a matear un ratito con el charly, un viejo mecánico que estaba casi jubilado pero que en realidad no quería dejar la actividad. El viejo era un amante de los andenes y de la rutina. Se había institucionalizado. Siempre dejaba algo que hacer para al día siguiente arrancar la jornada con un nuevo motivo de encuentro entre compañeros y material rodante. Ese olor a madrugada, ese frio constante de invierno. Una suave brisa que ya desde la avenida traía ese olor a grasa de rodamiento, a rulemanes rotos y tarros de aceite con nafta en su interior. Todo eso era el universo del viejo charly (Carlos Durmiente, su nombre legal) y de todos los que tenía el orgullo de aun permanecer y resistir en los viejos Ferrocarriles del sur. Prácticamente se habían convertido en una comunidad en la cual cada uno de ls trabajadores era amigo, hermano y compañero.
Esperando para subirse al primer tren que lo tocara, Miguel, seguía preso de sus tribulaciones, mientras charly y el resto de los compañeros del taller charlaban mientras laburaban. Charly se había convertido en una especie de padre para Miguel, y este en un hijo, pues cuando le dio el ataque en los pulmones y no podía respirar, el maquinista fue el único que paso todo el tiempo al lado del viejo en el hospital. A partir de allí había dejado de fumar para siempre, por orden del médico pero más que todo haciendo pedido al deseo de Miguel por acabar con ese vicio.
Había que despejar las vías tres y cinco porque pronto llegaría el expreso del norte que pasaba todos los días por la estación a las 7.30 am. Siempre por la vía tres. La cinco era vía muerta para maniobras entre maquinas y vagones en reparación; daba al galpón la atravesaba y hacia empalme con la cuatro que iba hacia el oeste. Junto con la continuación de la tres. Entre una cosa y otra, Miguel fue a buscar su máquina para salir con dirección norte hacia el interior de la provincia. Era un tren carguero el que manejaba y por lo tanto largo para maniobrar por ende necesitaba de mucho tiempo para poner todo en condiciones. Una vez armado todo el tren partió en su horario de las 10:30 hs. Tenía que parar en varias ciudades industriales para cargar y luego llevarle convoy a la aduana central, en el puerto. Todo material de exportación, y cabe destacar que era uno de los pocos trenes en el país que quedaba haciendo un recorrido netamente industrial con material pesado y químicos elaborados en el país. Insumos y materia prima de exportación. Claro esto se mantenía gracias a la lucha que libraban los compañeros de Miguel. En tanto que él seguía preso de su propio universo y últimamente ni asistía a las reuniones de la asamblea. Muchos se habían percatado de este comportamiento pero por respeto a su padre y también a él no querían confrontarle.
POEMA ASONANTE IMPROVISADO
Increíble, suaves telas se mecen en tu cuerpo
Al compas de tu piel tan bella
Que es la más bella entre las bellas
Una gota de lluvia se derrama
Frente a tus mejillas, es agua apasionada
Ese cuerpo tuyo que contiene
A un alma tan pura como simple
Y no es que lo diga yo
Me lo dicen tus ojos cada vez que los encuentro
Y es que ya no puedo más
De tanto desear de lejos
Algunas veces tan fría, otras tan distante
Siento un brote cálido, y tenue
Efímero y desconcertante
Mi cuerpo distorsionado, pide a gritos tus labios
Pero ellos se mE escapan
Una y otra vez, una y otra vez
Y si esto es amor, y si nada de lo escrito sirve
Será esa duda eterna
Que alimenta de noche mis esperanzas,
De tenerte cada cielo oscuro
Entre mis frías sabanas
Tan solo un atisbo de brisa veraniega
Un sabor tan dulce
Pero disuelto a tu manera
Pero si es que no puedo más
Y tu ni cuenta te das
Y es eso lo que me gusta
Eso que siempre soslayas
Quiero recorrerte entera
Mecerme en tu cintura,
Con la punta de mis dedos
Te haré alcanzar la locura
Y una vez mas
La frustrada chance se desvanece con el sol
Ese que al otro instante ya desapareció
Esta oscuridad en la que vivo inmerso
Es lo que ha alimentado mi amor
Y un nuevo flagelo
Ya te estoy viendo andar
Con una libertad infinita
Más no solo puedo
Sino que quiero contemplarte ¡bonita!
Yo no renuncio de mi suerte
Porque he tenido el privilegio
Ese de algunos pocos
Ese de conocerte!!
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